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14 mayo 2012 1 14 /05 /mayo /2012 00:45

corazon-dividido.jpgTodo comienza en Valencia capital a mediados de Octubre, en uno de esos

días de otoño en los que no apetece salir a la calle, sino que lo único que le apetece hacer al 99% de la población española es quedarse en casa vegetando.

Sin embargo Bárbara era consciente de que tenía mucho trabajo aquel día y no

podía hacerse la remolona y menos siendo lunes. Bárbara era una mujer bastante

guapa, acababa de cumplir 28 años y vivía en un ático en pleno centro de Valencia

con su gato Garfield.

Dos años antes, acabó la carrera de derecho y trabajaba como abogada en un

bufete en el que era muy apreciada y valorada tanto por sus compañeros como sus superiores.

Bárbara, era natural de Valencia pero sin embargo sus padres no, ya que su

padre era el típico hombre americano que toda mujer querría tener como marido y padre de sus hijos. Se llamaba James Stevenson y trabajaba en Nueva York en una empresa de seguros de la que él era el fundador y la cual dio en quiebra, por lo que se vino a España en busca de una vida mejor y exactamente en Madrid fue donde conoció a Irene Blasco.

 Los dos se enamoraron mutuamente el uno del otro y después de 5 años de

noviazgo, se casaron y al poco tiempo tuvieron a Bárbara.

Los dos querían tener más hijos pero lamentablemente, cuando Bárbara tenía 7 años, su madre murió de cáncer y James se quedó solo con su hija.

A los dos años y cuando Bárbara tenía 9 años, James conoció a una atractiva

mujer de su edad, se casó con ella y se fueron a vivir a Valencia con Bárbara que cuando tenía 19 años, se independizó y se fue a vivir con unas amigas que querían estudiar derecho como ella.

Estuvo viviendo con sus amigas durante 2 años y después se fue con una hermana de su madre que vivía en Valencia hasta que cumplió los 27, que fue cuando se compró un ático en pleno centro de Valencia, con el dinero de la herencia de su madre que había estado guardando celosamente desde que cumplió la mayoría de edad.

Cuando terminó la carrera de derecho, encontró trabajo como abogada en un

bufete a quince minutos de donde vivía y todo le iba bien aunque por momentos, echaba de menos el tener cerca a alguien con quien hablar al llegar del trabajo después de una dura jornada pero era feliz porque todo le iba bien.

Aquel día cuando llegó temprano al bufete, todo el mundo estaba esperándola

para presentarle a un chico nuevo que se incorporaba a trabajar.

 

_¡Bárbara! Pensaba que ya no vendrías a trabajar hoy.

_Lo siento, es que hoy había atasco.

_No pasa nada por cierto, ¿era hoy cuando tenías que reunirte con la señora

Figueroa?

_Pues si, era hoy pero esta mañana temprano me ha llamado al móvil para

cambiar la cita al jueves que viene a la misma hora.

_Bueno, no importa. Ven que quiero presentarte a Alberto Cuesta.

_¿Alberto Cuesta? ¿Es nuevo en el bufete?

_Si. Se incorpora hoy mismo a trabajar con nosotros, ahí está y ten cuidado con lo que le dices porque es muy observador en las conversaciones.

_No hay problema.

_Buenos días Alberto, mira te presento a la abogada de la que tanto te hablé.

_Hola buenos días, soy Alberto Cuesta.

_Encantada, yo soy Bárbara Stevenson.

_¿Stevenson? ¿eres americana?

_No, mi padre es el americano, yo nací en España.

_Ahh, bastante interesante. ¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí?

_2 años.

_Que bien.

 

 

A Bárbara le cayo muy bien Alberto porque aparte de ser guapo y simpático, simpatizó mucho con ella desde el principio y a veces quedaban para fumarse un cigarrillo juntos, antes de entrar al bufete.

Alberto era un chico que tenía 32 años y bastante aspecto de ir al gimnasio que al igual que Bárbara, vivía en Valencia en un piso céntrico.

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Comentarios

S

Interesante comienzo... ¡¡¡Aquí hay tomate más natural que el de las tierras de mi abuelo!!! A ver cómo continúa  
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